Traducción del artículo de Lorri Baier-Barth y Amanda Crawford ubicado en:
http://www.avoidantpersonality.com/yahoogroupfiles/ExtensiveExplanation2AvPD.htm
FACTORES MEDIOAMBIENTALES
Rechazo Parental
Un factor medioambiental importante en el desarrollo del trastorno de personalidad por evitación es el rechazo parental (Kantor; Millon y Everly). A pesar de que niños normales, sanos, pueden encontrar grados variables de rechazo parental, la cantidad de rechazo parece para ser particularmente intensa y/o frecuente para personas que posteriormente desarrollan TPE. Frecuentes o intensos rechazos aplastan la energía natural y el optimismo de los niños, dejando en cambio actitudes de autodesvalorización y sentimientos de aislamiento social. El rechazo por parte de los padres aparenta ser particularmente devastador porque puede ser interpretado como una franca contradicción con el edicto generalmente sostenido de amor incondicional y aceptación de su descendencia por parte de los padres. El niño rechazado se pregunta, “¿si mis padres no me aceptan, quién lo hará?”, aún así algunos niños se dan cuenta que sus padres no les aceptan, por ello la pregunta está siempre presente y cada persona con la que el evitador interactúa será puesta a prueba.
A pesar de que la evitación en los niños no parece estar necesariamente vinculada al TPE en la edad adulta, parece ser que determinados tipos de rechazo por parte de los padres pueden alterar la actitud y el comportamiento de los niños de una manera que los predispone para más fácilmente desarrollar el trastorno más tarde en la vida. Por ejemplo, Kantor sugiere que si la expresión de emociones positivas, por parte de un niño, se encuentra con distanciamiento, crítica o castigo, podría aprender a ahorrarse la angustia reservándose los sentimientos positivos. Quizás un niño así podría abandonar los sentimientos positivos en conjunto. Hay poca duda de que esto más tarde comprometa las relaciones adultas.
Así mismo, si los sentimientos negativos de un niño son rechazados, por ejemplo, si se le repite que “está mal sentirse enojada”, podría privarse de lo que de otra manera serían relaciones funcionales para evitar no sólo los sentimientos intermitentes de insatisfacción o rabia que son una parte inevitable de prácticamente todas las relaciones cercanas, pero también su
ambivalencia hacia los sentimientos negativos en general.
Además, el rechazo parental puede indicar algunos miedos parentales subyacentes que el niño inconscientemente imita. En tal caso, el niño puede aprender no sólo a temer el rechazo de otros, sino también creer que el mundo es un sitio a temer.
Rechazo de los pares
Un segundo factor medioambiental implicado en la aparición de TPE es el rechazo por grupos de pares. Si un niño abandona una situación hostil o de rechazo y encuentra experiencias positivas reforzadoras fuera del hogar, el temprano rechazo por parte de los padres no necesariamente resulta en actitudes de desaprobación a sí mismo. Aun así, si el rechazo parental o familiar (incluyendo hermanos) es agravado por el rechazo de un grupo de pares, el pronóstico apunta fuertemente hacia un trastorno de personalidad.
Las interacciones sociales repetidas exponen a un individuo a un potencial rechazo durante un período sostenido de tiempo. Tal rechazo, si ocurre, puede menoscabar el sentido de competencia y autoestima del individuo. A partir de la humillación y el rechazo por parte de los pares, los individuos comienzan entonces a criticarse a sí mismos. Los sentimientos de soledad y aislamiento empeoran debido a las duras autocríticas, y crecientes sentimientos de inferioridad y autodesprecio contribuyen a un comportamiento de retraimiento. El rechazo por parte de sus pares parece validar el rechazo de sus padres. Cuando los niños no recurren a sus padres, su grupo de pares, o incluso a ellos en pos de gratificación o validación, se retraen. El resultado puede ser la personalidad evitativa.
Otros Factores
Además del rechazo por parte de padres y pares, se especula que muchos otros factores pueden desempeñar roles más y menos significativos en el desarrollo y persistencia del TPE. Por ejemplo, niños que son infantilizados por sus padres pueden tener dificultad de relacionarse con personas fuera de la familia. Cuando adultos pueden ser regresivos y dependientes en las relaciones. Es probable que también la evitación sea recomendada por padres, pares, profesores, artistas, dirigentes religiosos y los medios como protección contra los males del mundo. Se sospecha que la rivalidad no resuelta entre hermanos pueda inducir a una competencia celosa transferencial entre los individuos conduciendo a un comportamiento evitativo. También, sentimientos sexuales, por ejemplo el “tabú del incesto” de Freud (1905) puede inconscientemente conducir a la evitación de relaciones estrechas con padres y posteriormente con potenciales parejas. Ha sido notado que a veces los evitadores se aislan a sí mismos como forma de manejar los fuertes sentimientos ambivalentes o los sentimientos negativos hacia el sexo (Kantor). En proporciones psicopáticas, la evitación puede conducir a un distanciamiento intencional a fin de realzar las fantasías sexuales (Shapiro, 1981). En algunos casos, una más patética expresión de asco sexual puede ser expresada como repulsión al amor, una condición en la que el evitador ha aprendido a “amar” el aislamiento, no porque sea una preferencia real sino porque es un defensa contra un deseo prohibido de estar con otros (Kantor). Finalmente, la transferencia puede conducir al comportamiento evitativo cuando un individuo se distancia a sí mismo de las personas que le recuerdan a algo o alguien que le desagradó o que temió en el pasado — a menudo padres, pero también otros fuera de la familia.
El Ciclo autoperpetuante del TPE
Los evitadores tienen limitado contacto con otros cuando utilizan la evitación para protegerse de ser rechazados. Las personas notan el comportamiento retraído del individuo evitador lo que conduce a la evitación recíproca del observador o a la ridiculización del evitador por parte de aquellos que observan ese comportamiento de ermitaño. Como Millon y Everly señalan, a menudo las personas que parecen débiles o tímidas atraen la atención de quienes disfrutan subestimar a otros. Un ciclo de retraímiento, ridículización o rechazo, mayor retraimiento y así sucesivamente, perpetúa el TPE.
El evitador está dolorosamente alerta a las más mínimas señales de rechazo por parte de otros. Desafortunadamente, el ser hipersensitivo al rechazo, a menudo disminuye la habilidad de los evitadores de percibir correctamente lo que es y lo que no es rechazo. Pueden imaginar rechazo donde no existe o ver un rechazo menor y parcial como importante y completo. Sienten que cada rechazo proviene de una meditada evaluación de su valor real cuando saben que a veces las personas que rechazan a otros lo hacen porque tienen sus propios problemas (actúan reflexiva y transferencialmente más que de manera pensada y realista) (Kantor).
La estrategia que han adoptado para protegerse a sí mismos fracasa y los miedos asociados con una visión negativa de sí mismos parece confirmarse. Cuando el patrón se repite y el problema se magnifica, el evitador o la evitadora se encuentran en el mundo de la profecía auto-cumplida.
Además, cuando los evitadores se retiran más y más de situaciones sociales, tienen mucho más tiempo para reflexionar sobre su estado tan afligido. Al igual que el amor no correspondido, el deseo de relaciones interpersonales por parte de los evitadores emerge y muy a menudo a la conclusión que llegan es que no son sólo incapaces de aumentar su atractivo a los ojos de otros, sino que ni siquiera merecen aceptación. Esto promueve más evitación y alienación (Millon y Everly).
Finalmente, no podemos pasar por alto la importancia del condicionamiento operante en la perpetuación del TPE. El evitador desea la afiliación social pero aún así teme al rechazo y la humillación. El patrón de comportamiento evitativo, de aislamiento, distanciamiento e hipersensibilidad que caracteriza al trastorno es un reforzamiento negativo para el individuo. Esto quiere decir, a través de comportamientos evitativos, estos individuos pueden reducir la probabilidad de ser rechazados o humillados. De este modo, el comportamiento se refuerza y el trastorno se hace más severo (Millon y Everly).
Tratamiento
La reducción de la evitación es típicamente un abordaje orientado a la acción a fin de tratar las causas, complicaciones y consecuencias del TPE. Toma prestado de técnicas activas de otras psicoterapias. Por ejemplo, el “empujón total”, de la terapia comportamental, fuerza a los evitadores a afrontar interacciones sociales por períodos de tiempo más largos; la terapia de apoyo da ánimo (“tu puedes hacerlo”), feedback positivo (“eres lo suficientemente bueno para tener éxito”) y tranquilización (reassurance) (“puedes manejar la ansiedad”); la terapia familiar intenta convencer a la sofocante familia que deje de infantilizar al individuo; y la terapia farmacológica receta antidepresivos para ayudar a aliviar la ansiedad del evitador. Generalmente, los evitadores son animados a “hacer” más que a contemplar, a involucrarse en situaciones que les provocan temor como medio de vencer su miedo.
En resumen, aquellos con TPE son extremadamente sensibles al rechazo de otros y temerosos del mismo. Su reacción a este miedo puede ser una respuesta de fuga, en el caso de la evitación, pero también puede ser una respuesta de lucha, en el caso de la hostilidad. Mientras la genética puede predisponer a individuos a desarrollar este trastorno, se piensa que es el entorno o, más específicamente, tempranas relaciones fallidas la causa fundamental del desarrollo de TPE. A través de sus propios pensamientos y comportamientos disfuncionales, inadvertidamente los evitadores perpetúan su sufrimiento. Se recomiendan terapias comportamentales activas y a veces el suministro de medicamentos.
Lorri Baier-Barth, Amanda Crawford