Bitácora de mi recuperación

Julio 15, 2009

ANOREXIA Y LINEAS DE BASE

Ayer comencé a leer este artículo que me habían pasado un día antes y no pude terminarlo. Sentía que podría haberlo escrito yo y que ya no quería seguir leyendo lo que supuestamente sabía seguía a continuación. Me sentí muy identificada con todas las vueltas que da la autora para no enfrentarse a un papel o pantalla en blanco y poner en letras de molde sus sentimientos. Me sentí identificada con la dificultad de conexión con los propios sentimientos. Pude reconocer ante mí misma que hace mucho que no escribo en mi diario, que hace mucho que no escribo en este blog, que últimamente no tengo muchas ganas de hablar en las reuniones. Pude reconocer los coletazos de resistencia de la anorexia una vez más… De todas maneras, gracias a mi Poder Superior, aquí seguimos

ANOREXIA Y LINEAS DE BASE

Veintiún meses atrás gracias a Dios y a una relación fui empujada a concurrir a SLAA. Ya en la primera reunión supe que pertenecía al grupo, a pesar de saber que me descorazonaba el descubrir que tenía que pelar otra cáscara más a la cebolla después de tantos años en los programas de Doce Pasos. Sentí como si esta fuera la última pieza de un rompecabezas de relaciones espantosas que a pesar del tiempo en otros programas, no había podido arreglar.

A medida que voy acumulando sobriedad, encuentro diferentes cosas para examinar o curar y no siempre éstas son las que yo imagino. Recuerdo la primera vez que vi un folleto sobre anorexia, me preguntaba qué tenía que ver un desorden alimenticio con el sexo y la adicción al amor. Cuando finalmente aprendí a responder las preguntas, supe que anorexia (una inherente falta de habilidad o de deseo a tener relaciones íntimas, amistades y conexiones saludables con otros) estaba en el mismo centro de mi vida sexual, de mi vida amorosa y de mi adicción a la fantasía. Ahora entiendo que desde niña el dejar entrar personas a mi vida, representó hacerles mucho mas fácil, a estas personas, el poder herirme.

Yo nunca fui del tipo de persona que haya tenido muchas parejas, excepto en fantasías. Y por supuesto mis parejas en la fantasía estaban siempre disponibles, siempre perfectos, sin contrariarme y nunca expresando ningún tipo de necesidad. En realidad, ellos eran la forma de desentenderme de una cantidad de sentimientos. Cuando por fin encontré hombres en los que realmente estaba interesada, tuve dificultad viendo sus realidades a través del lente de mis fantasías de parejas perfectas. Estaba segura que ellos eran lo que yo estaba buscando y por supuesto… ellos nunca lo fueron. Las fantasías se convirtieron en aquel tipo de juego en el cual al participante se le vendaban los ojos y se le daba un pincho en un pedazo de cartón, representando éste a una parte específica del cuerpo de un animal, y tenía que acertar esa parte en el dibujo del animal dibujada en un panel pinchándolo en lugar correcto. A este juego siempre lo había llevado en mi cabeza hasta que encontraba a la próxima persona a la que consideraba apropiada para que volviese a pinchar el panel, colocando la pieza en el lugar perfecto. Cada experiencia de pareja desagradable sólo conduciría a meses o años de evitar otras experiencias. También pienso que la falta de amistades cercanas y otros sistemas de apoyo que hubiesen podido servir como alertas, me hicieron especialmente vulnerable al tipo de personas que gatillaban los patrones adictivos en mis relaciones, tanto por volver a repetir el abuso sufrido cuando niña o por “chuparse” mi ego, valores y sentido de mi misma hacia el caño de su no disponible seducción.

Alguien me preguntó recientemente, mientras conversábamos, “cómo haces para saber las líneas de base en la anorexia”. En ese momento habiendo solo comenzado a conjeturar al respecto, respondí: “No estoy segura, quizás sea algo de lo cual sólo se puedan trazar algunos perfiles”. Poco tiempo después tuve una experiencia que me ayudó a ver que también para esta adicción habían líneas de base. Entonces decidí escribir sobre el tema.

Han pasado varios días desde que comencé a escribir esto. Nueva información acerca de cómo la anorexia funciona en mi vida me llega todo el tiempo y hoy no ha sido la excepción. A mi regreso de una reunión, sabiendo que estaba planeando en trabajar en este tema, paré para comprar la arena sanitaria para mi gato y de inmediato decidí que necesitaba otras cosas también. Me puse a deambular por el supermercado completamente consciente que estaba tratando de evitar el ponerme a escribir. Inicialmente pensé que esto debería tener relación con el aislamiento que siento al escribir. La palabra aislamiento me es muy familiar, la practiqué durante años. Esta es parte de la anorexia. Había dispuesto de un lugar en mi día y tan solo media hora atrás había procurado comenzar a escribir. Entonces se me ocurrió que esta “resistencia” debía ser algo relacionado con el hecho de escribir. El escribir generalmente me conecta con sentimientos y por lo tanto estaba tratando de evitar los sentimientos. Esta es la esencia de mi propia anorexia.

En casa, finalmente, me di cuenta que escribir sobre este tema podía remover cosas importantes y entonces decidí que no podría trabajar en mi habitación, para ello tenía que cambiar la computadora con todas sus partes al living. Para realizar esto debía mover la caja del gato, limpiar las telarañas al costado de mi escritorio, hasta que me di cuenta que los pisos necesitaban una pasada de aspiradora. Todo esto no importó mucho durante todas las semanas anteriores. Estaba comenzando a necesitar comer algo, tomar un vaso de agua bien fría y también saber qué era lo que estaba pasando en mi canal favorito de televisión. ¡Increíble! Yo estaba haciendo todo esto con el objeto de evitar sentimientos. Mientras pasaba la aspiradora me di cuenta de que debería escribir lo que me estaba ocurriendo. No quería reconocer los sentimientos que me mantenían anoréxica, los mismos sentimientos que aún trato de evitar manteniéndome fuera de relaciones que los puedan gatillar. La anorexia es una adicción muy ocupada; no hacer algo y… no hacer algo. Recuerdo que el folleto decía: falta de sentimientos, falta de confianza, imposibilidad de pedir ayuda o abrirse a otros… ¡Estos zócalos están quedando un jaspe!

No quiero escribir porque no quiero conectarme con mis sentimientos. No quiero conectarme con mis sentimientos que me hacen sentir vulnerable en mis propias vulnerabilidades, lugares donde fui herida, lugares donde siento dolor y miedo. He evitado cosas que supuestamente debían ser amorosas, cosas que ahora me doy cuenta han gatillado el pánico o el bloqueo total, como por ejemplo, el tomarse de la mano. Yo no quiero saber cuán dañada, loca y diferente de los demás me he sentido. Yo no deseo sentir el hambre emocional que ocasionalmente irrumpe en mí. He sido abusada por personas a quienes no les importaba cuándo yo me sentía vulnerable y llena de necesidades. Siempre ha sido mucho mas fácil tomar responsabilidades, mantenerme ocupada, anestesiarme y durante el acto sexual, encender el robot que hay en mí, el acceso al control de los sentimientos y las respuestas de otra persona sin sentir ningún sentimiento propio. Siempre que intenté tener amistades fue mas fácil ser el que escucha, el que da soluciones, o el que toma cuidado de la situación, cualquier cosa, antes de revelar quién y como soy.

Cuando comienzo a escribir, me olvido de todo lo que acabo de darme cuenta. Olvidar es parte de la adicción también, una forma de negación involuntaria. Si me conecto con los sentimientos escribiéndolos, no los olvido tan rápidamente. Las líneas de base fueron algo evolutivo en mi diario. Ahora solo tengo que darles un vistazo.

En uno de esos días en los que la recuperación no parece ir a ningún lugar y no se la siente como uno la debería sentir, uno de esos días en los que si alguien me empuja lo suficiente podría llevarme a recaer, una colección de desilusiones, un sentimiento de estar estancada, un sentimiento como el de la relación que siempre me digo que quiero y que nunca va a ocurrir, en uno de esos días comencé a escribir y automáticamente comencé a describir como en una grabación que soy un error, donde incluyo el darme lástima de mi misma, el odio a mi misma, la conversación sobre mis fracasos conmigo misma y de las relaciones que nunca tuvieron una oportunidad en mi vida. En algún punto en medio de todo esto me di cuenta que el viejo patrón estaba emergiendo, comencé a pensar que los sentimientos de dolor se irían si me dijese a mi misma que yo me odiaba, o que no puedo confiar en nadie, o al menos emitir algún mensaje que abrazara al odio para sepultar el dolor.

Por supuesto que había dolor en toda esa conversación llena de reproches, disgustos y desesperación. Mi primera madrina me sugirió poner en claro mis líneas de base sobre lo que me causa dolor pero estas no son siempre tan obvias. Pude ver que fácil era caer en el pesimismo y en la cólera y erigir todas las defensas para hacerme a mi misma invulnerable y así darme la ilusión de control con mis propias y auto pronosticadas oscuras expectativas. Pero, ahora sé que todo esto atraería las mismas viejas experiencias, reforzando las mismas creencias y perpetuando las mismas relaciones dolorosas que básicamente me llevaron a la anorexia. Mientras escribía en mi diario comencé a darme cuenta en un sentido real de cómo el programa arruina las adicciones; las arruina a través de la conciencia. Sabía que no podía actuar sobre los sentimientos negativos, al menos en el presente.

Me di cuenta que podía haber líneas de base para la anorexia. No se si puedo aceptarlas todas a la vez en mi misma; esto podría ser demasiado. Pero al menos puedo escribirlas como parte de objetivos de más largo alcance.

No te rindas a la desesperación. Creo que está bien e inclusive es importante sentir mis sentimientos de tristeza. Puedo suspender la decisión de rendirme a la desesperación; si las cosas aún son horribles mañana o al día siguiente, podré entonces revolcarme en ella. Darme a mí misma algún tiempo usualmente me pone en un mejor lugar.

No te permitas recibir el enojo ajeno. Necesito límites firmes cuando estoy en compañía de personas poco seguras, pero no necesito de la ira indiscriminada que lastime a gente inocente por cosas que sucedieron en el pasado. Todos los que estamos vivos hemos sido heridos de una u otra forma. No necesito agregar más al dolor colectivo del mundo; esto sólo atraerá a gente enojada.

No te vuelvas a poner la armadura de la negatividad. Se que los pensamientos negativos a veces parecen más seguros porque si me los creo no tengo que hacerme vulnerable a la esperanza y a la incertidumbre. Puedo tener un sentido de control con lo que me rodea, si no creo, nada se va a solucionar, pero entonces muy subrepticiamente encontraré modos para estar segura que no es así. ¿Es esto lo que realmente quiero hoy? ¡No!

Y finalmente,

No renuncies a la esperanza. No importa qué malas te puedan parecer las cosas ahora, luego siempre tienden a mejorar; no necesito aferrarme al oscuro drama, afirmando lo negativo y rechazando toda posibilidad de lo positivo.

A medida que trabajo en estos temas, se me ha ido aclarando que hay cierto conflicto entre lo que digo, lo que quiero y lo que hago para evitar saberlo.

Buena suerte en la recuperación.

Anónimo
Traducido de “Articles from the Journal”. SLAA.

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