La primera vez que leí “Mujeres que aman demasiado”, de Robin Norwood, hace ya tiempo, pude verme reflejada en muchas de las páginas. Sabía que tenía una dificultad a la hora de relacionarme con los hombres, en términos de pareja, y allí parecía estar la explicación de la causa de mis pesares. Pero igual no terminaba de sentirme del todo identificada con esas mujeres que saltaban de una relación a otra y que no soportaban estar solas ni un momento. Me daba la impresión de que yo pertenecía a otra categoría, a la sub-especie de la mujer que se relaciona con un hombre emocionalmente no disponible, de manera adictiva, y luego que la relación termina, en general al poco tiempo, pasa por largos de períodos en soledad o repliegue. Digamos que puedo estar sola, pero no acompañada, por más que sea lo que tanto anhelo.
Luego de una última relación (o pseudo relación) frustrada, comencé a indagar por qué una vez más no había podido relacionarme de una manera un poco más saludable. Siguiendo consejos leídos en internet, traté de ver qué era lo que tenía en común esta relación y este hombre con los anteriores. Tras mucho navegar comenzó a repicar en mi cabeza un término con el que me había cruzado muchas veces: “narcisismo”. Cuando me detuve a leer sobre este tema en particular, toda mi historia pareció teñirse de una luz mucho más clara. Este hombre compartía con tantos otros del pasado, y con mi padre, claro está, marcados rasgos narcisistas. (más…)